INTRODUCCIÓN
La leche y los derivados lácteos configuran uno de los grupos de alimentos más importantes durante la etapa de desarrollo. El lactante podrá cubrir todas sus necesidades de energía y nutrientes tomando leche como único alimento. Tras la introducción de la alimentación complementaria, la leche seguirá constituyendo el alimento de consumo más frecuente, cubriendo, generalmente dos de las tomas del día. Hasta este momento, el aporte de lácteos es uniforme entre niños de la misma edad.

A medida que el niño crece, y se diversifica su dieta, los lácteos siguen contribuyendo en gran medida a su alimentación, pero es más frecuente la observación de variaciones individuales en su consumo, que pueden ser más acusadas durante la adolescencia. No obstante, resulta necesario incidir en la conveniencia de mantener una ingesta adecuada de leche y productos lácteos durante la infancia y la adolescencia.

Según se recoge en el libro “Leche, lácteos y salud”, los estudios nutricionales en los que se ha evaluado el consumo alimentario, estiman que el 35% de los niños y jóvenes de nuestro país realizan ingestas habituales de leche y lácteos por debajo de los niveles recomendados para este grupo de edad.
Para los expertos, la recomendación general de consumo de leche y lácteos debería establecerse en 3-4 raciones diarias (un par de vasos de leche y yogures, y una porción de queso diaria), dependiendo de la edad y condiciones fisiológicas de cada uno, si bien la frecuencia media de consumo de lácteos en España es de 2,5 raciones pc/diarias.

"La hora del desayuno, la media mañana y la merienda, son momentos muy oportunos para incorporar a la dieta leche o derivados lácteos. Además, en cuanto a los más pequeños, debe hacerse un especial esfuerzo desde los colegios para que sus comedores ofrezcan diariamente un lácteo y una pieza de fruta".

Raciones de lácteos y equivalencias recomendadas por grupos de edad:

Grupos de población

Raciones de lácteos

Equivalente de leche (1) 250 mL

Equivalente de yogur (1) 125 mg

Equivalente de queso fresco. (1)
120 mg

Escolares

2-3

1

1

1

Adolescentes

3-4

1-2

1-2

1-2

(1) equivalente lácteo con una aportación estimada de 250-300 mg de calcio.

 

NUTRICIÓN SALUDABLE DE LA INFANCIA A LA ADOLESCENCIA

- Frecuencia de consumo de alimentos:

Consumo ocasional:

Consumo diario:

Adaptación de la Pirámide de la Alimentación Saludable de la SENC (Sociedad Española de Nutrición Comunitaria)

CONSUMO RECOMENDADO DE LECHE PARA LOS BEBÉS

Leche materna:

Fórmula enriquecida con hierro (por día):

Lácteos:


CONSUMO SUGERIDO DE LECHE PARA NIÑOS DE 2 A 5 AÑOS

Leche de vaca

Una porción igual a:

CONSUMO SUGERIDO PARA ADOLESCENTES Y ADULTOS (SE RECOMIENDA EL EQUIVALENTE A UNO DE LOS SIGUIENTES):

3 a 4 porciones/día 2 a 3 porciones/día 4 porciones/día


LÁCTEOS Y SU CONTENIDO EN NUTRIENTES

Los lácteos conforman la fuente más importante de calcio durante toda la vida del individuo. El calcio es imprescindible para conseguir un pico de masa ósea adecuado. Durante la infancia y la adolescencia se produce el principal aumento de la masa ósea como resultado del crecimiento y de la maduración normales a esta edad. Aquellas personas que adquieren una mayor masa ósea durante las primeras dos décadas de la vida presentan un riesgo reducido de osteoporosis en la vida adulta. Varios estudios epidemiológicos han puesto de manifiesto que un consumo elevado de leche durante la infancia y la adolescencia se asocia a una mayor densidad mineral ósea, y a un riesgo menor de fractura osteoporótica en mujeres adultas blancas.

Se ha podido observar que, incluso en niños en edad preescolar, puede reducirse la grasa corporal aumentando la ingesta de calcio diariamente. En este sentido, el efecto parece ser mayor para el calcio que procede de los productos lácteos.

Recientemente se han revisado las recomendaciones sobre la ingesta adecuada de calcio en niños y adolescentes:

Pero además, los lácteos contienen prácticamente todos los nutrientes que garantizan un crecimiento y desarrollo óptimos:

CALCIO

Omnipresente en las inquietudes alimenticias de los padres, su papel es fundamental en el crecimiento de los niños, pero también en el mantenimiento del sistema óseo, por eso el calcio no sólo es para niños y jóvenes, sino que es necesario a todas las edades.

El 2% del peso total del individuo es calcio: está presente en los huesos, los dientes y las uñas. La presencia de este mineral en nuestra dentadura es trascendental si no queremos quedar expuestos a enfermedades derivadas de unos dientes débiles que van desde las caries hasta daños en el esmalte.

Pero, además de esta función popularmente conocida, el calcio también interviene en otras funciones importantes del organismo como la coagulación, la contracción muscular, la transmisión nerviosa, las hormonas, las enzimas, el sistema urinario, etc.

Los lácteos son la principal y más conocida fuente de calcio (leche, queso, yogur, mantequilla, etc). Aunque este mineral se encuentre en otros productos, en los lácteos se encuentra en grandes concentraciones y, al combinarse con la vitamina D, se facilita la absorción. Además, en contra de lo que se suele creer, las grasas de los lácteos pueden eliminarse sin afectar al nivel de calcio que contienen, por eso los desnatados son igualmente efectivos.

El calcio se encuentra en múltiples alimentos, una de las fuentes principales es la leche y sus derivados. Su absorción es mucho mejor ya que tiene una mayor biodisponibilidad que la de otros alimentos. Un vaso con este líquido contiene 300 mg de calcio, es decir, apenas una tercera parte de las dosis recomendadas para los niños (800 mg para los niños y 1.200 para los adolescentes).

Tomar leche cada día, ejercitarse al aire libre y practicar algún deporte desde niños son medidas primordiales para llegar a adultos con buenas reservas de calcio.

Un estudio de la revista American Journal of Clinical Nutrition revela que los niños que consumen poca cantidad de leche poseen unos huesos más débiles y tendentes a pequeñas fracturas. Los expertos alertan sobre el peligro de la salud ósea de los niños, que no compensan la falta de calcio por medio de otro tipo de alimentos. Los resultados obtenidos del estudio mostraron que los niños que no recibían un aporte de calcio eran más bajos de estatura y presentaban graves problemas de salud ósea, sus huesos eran más pequeños y su contenido mineral mucho más reducido de lo normal para sus edades.

Nuestros cuerpos continuamente quitan y reemplazan pequeñas cantidades de calcio de los huesos. Si se quita más calcio de lo que se reemplaza, los huesos se debilitan, habiendo mayor probabilidad de que se fracturen. Algunos investigadores sospechan que el incremento en fracturas de los antebrazos en los niños es debido a la disminución en la masa ósea, lo que puede ser producto de que los niños están tomando menos leche y más sodas, al mismo tiempo que están haciendo menos actividad física.

El calcio es también importante para una boca saludable. Aún antes de que salgan, tanto los dientes infantiles como los permanentes necesitan calcio para desarrollarse completamente. Y una vez que ya hayan salido los dientes, el calcio también ayuda a protegerlos contra las caries. De igual manera, el calcio hace fuertes y saludables a los huesos de la mandíbula.

En la Universidad de Tennesse (EEUU), fue estudiada la ingesta de 53 niños de 24 a 60 meses, seguido por la medición de la masa grasa a los 70 meses. Cuanto más alta fue la ingesta dietética de calcio, más baja fue la grasa corporal a los 70 meses.

Cómo enseñar la importancia del calcio a los niños
Como se sabe, el calcio es imprescindible para la formación de los huesos, aparte de su importancia en la coagulación de la sangre, los músculos, nervios, hormonas y enzimas. Muchos niños que siempre han tomado toda su leche, llegando a la edad escolar ya no quieren hacerlo. Aparte de la preocupación de los padres, los niños no ingerirán la cantidad necesaria de calcio. La primera solución que se nos ocurre es ofrecerles alimentos que sustituyan a la leche como queso, yogurt, etc., pero algo que puede resultar más provechoso es utilizar la curiosidad innata de los escolares, por lo que enseñarles los beneficios que tiene el calcio de la leche puede servir para que vuelvan a tomarla, a los niños de esta edad les encantan los experimentos:

Estando con los niños deshuese una pierna de pollo mientras les explica que los huesos soportan el cuerpo del pollo al igual que sus huesos soportan sus propios cuerpos, por lo que deben ser fuertes. Deje que ellos toquen el hueso de pollo para que sientan su dureza y puedan compararlo con sus propios huesos tocándose por ejemplo la muñeca, el codo, las rodillas, el hueso de sus propias piernas (tibia), etc.

Luego coloque el hueso de pollo en un recipiente con vinagre y explíquele a los chicos que el vinagre tiene la propiedad de sacar el calcio del hueso del pollo y deberán esperar algunos días para ver los resultados. Transcurrido el tiempo, saque el hueso de pollo y muéstreles a los niños cómo el hueso de pollo puede doblarse fácilmente debido a que ya no tiene calcio y por eso es importante tomar alimentos con calcio para que no se acabe y puedan tener huesos fuertes y saludables.

FOSFORO
Para conseguir unos huesos fuertes y músculos sanos, necesitamos también ayuda del fósforo, que se absorbe paralelamente al calcio y se asimila mejor si es en compañía de la vitamina D. Representa entre el 0,8 y el 1,1% del peso total del cuerpo.

ESQUELETO FUERTE DESDE LA INFANCIA

La ingesta de calcio es esencial para el desarrollo, mantenimiento y formación del esqueleto normal, para el correcto funcionamiento de las articulaciones y de una buena dentadura. El 99% se encuentra en el esqueleto y el 1% restante está involucrado en funciones reguladoras: transmisión nerviosa, contracción muscular, coagulación de la sangre y permeabilidad de las membranas.

Pero el calcio necesita de otros acompañantes para cumplir con sus funciones. La vitamina D es primordial, ya que ayuda a mantener los niveles adecuados de este mineral en la sangre, el cual al pasar por los huesos, se deposita y los hace más fuertes y resistentes. Se la obtiene mediante la exposición al sol durante unos 30 minutos al día. La yema de huevo y el aceite de hígado de bacalao contienen grandes cantidades de dicha vitamina. Además también influyen en este proceso las vitaminas A, C y minerales como el zinc, fósforo y magnesio que ayuda a fijar el calcio en los huesos y dientes, y evita la formación de cálculos renales ya que moviliza al calcio.

En los niños los huesos son el sustento del crecimiento. El tejido óseo se va desarrollando hasta los 25 ó 30 años aproximadamente, edad en que se logra alcanzar una buena cantidad de masa ósea. Las niñas a los 18 años ya han obtenido el 90% de la masa ósea que llegarán a tener; los niños a los 20. De allí el esmero en cuidar los huesos desde el nacimiento y durante la adolescencia y juventud.

La clave del buen cuidado radica en 2 aspectos: una nutrición adecuada y ejercicio físico. En cuanto a la nutrición es necesario ingerir alimentos ricos en calcio y vitaminas.

 

LOS LÁCTEOS COMO ALIMENTOS FUNCIONALES

Si se considera la definición más aceptada de alimento funcional: (”Aquél que ha demostrado que posee un efecto beneficioso sobre funciones orgánicas, más allá de los efectos nutricionales, y que conlleva una mejoría en el bienestar o en el riesgo de enfermar”) la leche puede considerarse uno de ellos (por ejemplo por su contenido en CLA).

Pero en muchas ocasiones los lácteos se convierten en el vehículo que transporta componentes funcionales añadidos durante su elaboración. Entre ellos, y con efectos demostrados en niños, se encuentran los prebióticos (bifidobacterias y lactobacilos generalmente en productos lácteos fermentados), que previenen la aparición de diarrea durante el tratamiento antibiótico, controlan la diarrea por rotavirus y disminuyen los brotes de dermatitis atópica; y los ácidos grasos Omega-3 (generalmente en leches enriquecidas), que pueden suponer alguna mejoría en niños con fibrosis quística. Prebióticos (inulina, fructooligosacáridos, lactulosa), y fitosteroles (leches y yogures) también pueden hallarse en compuestos lácteos, pero sus beneficios en población infantil aún deben ser bien estudiados.

Leches fermentadas con probióticos
Los probióticos son microorganismos vivos (bifidobacterias y lactobacilos) que, al ser ingeridos, potencian las propiedades de la flora intestinal y contribuyen a mejorar la salud. Entre sus posibles mecanismos de acción se destaca la formación de una barrera de defensa intestinal que incluye la normalización de la permeabilidad y de la microflora protectora. Las bacterias probióticas suelen encontrarse en los lácteos, específicamente en las leches fermentadas con Lactobacillus casei, defensis y shirota y en los productos rotulados con “Probio”, “GG” y “Biopuritas”, por ejemplo.

Los probióticos ofrecen beneficios comprobados para la salud:

Las leches fermentadas son sumamente útiles para personas con problemas del aparato digestivo bajo, como estreñimiento y diverticulosis, también en casos de diarrea específica y para aquéllos que tienen intolerancia a la lactosa.

 

Leches con ácidos grasos Omega-3

Es sabido que los ácidos grasos Omega-3 son esenciales para proteger el aparato cardiovascular y el sistema nervioso, entre sus múltiples funciones. Sus fuentes naturales son los pescados de mar, la soja, las semillas de lino, los aceites vegetales y las frutas secas, especialmente, las nueces. En el mercado hay dos marcas líderes que aportan entre 0,05 - 0,08 gramos cada 100 cc, mientras que el requerimiento diario promedio es de 1,1 gramos. En la embarazada y período de lactancia los requerimientos ascienden a 1,4 y 1,3 gramos, respectivamente. Estas leches, a su vez, son adicionadas con algunas vitaminas como la C, E y B6.

La sugerencia es que se utilice en aquellos casos donde se presentan problemas de colesterol alto, hipertensión arterial o procesos inflamatorios, en especial si no se ingieren las fuentes naturales de Omega-3 descritas más arriba.

En los niños las grasas esenciales contribuyen a controlar el síndrome de atención dispersa, logrando mayor concentración, contribuyendo a cumplir una actividad sistemática, a aceptar las reglas de disciplina y a mantener un adecuado rendimiento académico, ya que son imprescindibles para el normal funcionamiento de la parte del cerebro que coordina las funciones de memoria y razonamiento. Este síndrome es muy común en los niños que llega a afectar a un 50%, pudiendo persistir en la adolescencia y en plena edad adulta.
Otro beneficio del Omega-3 se encuentra relacionado con el sistema inmune. Se ha demostrado que tiene una función reguladora de la síntesis de sustancias que causan trastornos como fiebre, dolor, hinchazón e irritación.

El Omega-3 es importante para la visión, porque permite al cerebro captar más rápidamente las imágenes que el sujeto está observando. El Omega-3 se encuentra en aceite de soja, en frutas secas (nueces, almendras, avellanas) y en peces de aguas profundas (caballa, arenque, salmón, sardina, atún y anchoa). También lo podemos encontrar en las leches enriquecidas.



EL BENEFICIO QUE APORTA EL YOGUR A LOS NIÑOS

El yogur es un excelente alimento que ofrece muchísimos beneficios a los niños. Permite el desarrollo de la flora bacteriana logrando una mejor asimilación de los nutrientes que aportan los alimentos.

Es rico en ácido láctico, éste se encarga de estimular la acción de las enzimas digestivas, colabora en una mejor absorción de los minerales y una mejor asimilación de las vitaminas, además ayuda a regular el funcionamiento del sistema digestivo del pequeño.
Muy rico en calcio y con un aporte vitamínico elevado debido a las propiedades de la leche y la función de los microorganismos que generan gran parte de ellas. Sobre todo el yogur es muy rico en vitaminas del grupo B aunque también contiene gran cantidad de las vitaminas A, D, K y E.

Aunque el yogur tiene los mismos principios nutritivos que la leche, este alimento es de más fácil digestión, todos sus componentes se asimilan mejor por el organismo, grasa, proteínas y azúcares se descomponen con mayor facilidad y pasan mucho más deprisa que otros alimentos al torrente sanguíneo.

OBESIDAD,OSTEOPOROSIS E INTOLERANCIA A LA LACTOSA

Obesidad y lácteos

Según las autoridades sanitarias, uno de cada dos niños españoles tiene exceso de peso. Ante esta preocupante realidad la familia debe involucrarse activamente en la prevención de este problema sanitario, vinculado con los hábitos de alimentación y de actividad física.

Las estadísticas de obesidad infantil han crecido de manera alarmante en nuestro país en los últimos veinte años. Si en 1984 la obesidad infantil afectaba tan solo al 5% de los niños y niñas españoles de entre 6 y 12 años, en la actualidad esa cifra se ha triplicado y alcanza el 16%. Pero el problema no termina allí, ya que más del 30% padece sobrepeso. Es decir, que uno de cada dos niños y niñas españoles tiene algunos kilos de más, ya sea en forma de obesidad o de sobrepeso.

Como muestra de que la obesidad es un problema de enorme magnitud, la Organización Mundial de la Salud (OMS) la ha calificado como "la epidemia del siglo XXI". Uno de los argumentos para esas afirmaciones está dado por las investigaciones que señalan que tres de cada cuatro niños que son obesos entre los 10 y los 12 años también lo serán cuando sean adultos. Esto quiere decir que los niños obesos del presente serán los enfermos del futuro.

Los diversos estudios con los que cuenta el Ministerio de Sanidad español (Encuesta Nacional de Salud o Estudio EnKid) estiman que el 6,2% de la población infantil y juvenil española no desayuna habitualmente y que existe una relación clara entre este mal hábito alimenticio y la obesidad.

El desayuno es una de las comidas más importantes. Los nutricionistas consideran que debe suponer, al menos, el 25% de las necesidades de nutrientes del escolar. Sin un desayuno adecuado el niño no tiene energía para afrontar el esfuerzo físico e intelectual que le requieren las actividades escolares.
Está comprobado que un niño que no ha desayunado suele tener necesidad, a media mañana, de un gran aporte energético, que suele remediar con productos con altos contenidos de azúcares o de ácidos grasos trans, claramente relacionados con el sobrepeso y la obesidad.

Un desayuno correcto y adecuado a las necesidades nutricionales debe contener una variedad de alimentos que incluyan los nutrientes necesarios: un lácteo (leche, yogur, queso), un cereal (galletas, pan, copos, etc.), una grasa (aceite de oliva, mantequilla o margarina), una fruta o un zumo, mermelada, miel, e incluso algún fiambre. Algunos trabajos clínicos han investigado el impacto del calcio y los productos lácteos, sobre la pérdida de peso o el desarrollo del síndrome de insulino resistencia. Las implicaciones de estos resultados son que el calcio puede desempeñar un papel que contribuye a la reducción de la incidencia de la obesidad y del predominio del síndrome de resistencia a la insulina.

Osteoporosis

Es un trastorno que debilita los huesos, haciéndolos que se rompan con más facilidad. Aunque es posible que los efectos de la osteoporosis no se vean hasta la edad adulta, los preadolescentes y adolescentes pueden ayudar a prevenirla fortaleciendo sus huesos de jóvenes.

Productos lácteos para los niños con intolerancia a la lactosa
Generalmente, cuando un niño presenta intolerancia a la lactosa se suelen suprimir de la dieta todos los productos lácteos. La Academia Americana de Pediatría recomienda ahora que este proceder no es el adecuado, ya que estos productos aportan calcio y vitamina D que garantizan un adecuado desarrollo.

A pesar de los problemas que derivan de este trastorno en los pequeños, como puede ser el dolor abdominal, la diarrea o la malnutrición entre otros, los expertos recomiendan la necesidad de no prescindir totalmente de este tipo de alimentos y que es posible realizar un consumo diario moderado sin riesgo alguno para la salud del pequeño.

Según indican los expertos, el problema surge cuando los padres retiran no sólo la leche, sino también el resto de derivados lácteos, confundiendo la realidad del problema, ya que se trata de un trastorno pero para nada es un problema alérgico.

Como no se trata de una alergia alimentaria, la intolerancia a la lactosa no deriva en peores síntomas o aumenta cuando se consume algún lácteo, por esta razón, para salvaguardar un adecuado desarrollo, piden a los padres de los niños que sufren este trastorno que no prescindan de este grupo alimenticio, ya que podría acarrear consecuencias para la salud en un futuro.
Además indican que, aunque se consuman otros productos que sustituyen el aporte en calcio, éstos no alcanzan los niveles necesarios para el organismo del pequeño.